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Yo soy más importante qué mis fracasos y mis triunfos. Fotografía a la cera 55x90cm

Araceli López Alonso

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Araceli López Alonso

La Fragmentación en el Arte (escultura)

El cuerpo ha sido considerado en Oriente como en Occidente la representación del Universo en su plenitud. El retrato ha sido la representación escultórica que se nos han presentando a lo largo de la historia sobre la fragmentación del cuerpo como presencia del ser. El retrato escultórico ofrece una larga historia de representaciones que datan de la antigüedad y la Edad Media hasta nuestros días.
Los griegos pensaban que la carnalidad de los dioses tenía que ver con la unidad corporal. Las divinidades de la mitología helena no conocían ni la corrupción ni la decrepitud. Su piel, su rostro, su armonía muscular, siempre eran representadas más allá de los avatares del tiempo, eran eternos porque su belleza no aceptaba fragmentación alguna, ni en el espacio ni en el tiempo. Era una carne incorruptible y luminosa que no tenía nada que ver con los accidentes, las mutilaciones o las enfermedades de la humanidad.


Poseidón Afrodita Apolo

En el cristianismo, las imágenes rituales nacen de la disolución misma del cuerpo y su espacio, la vida verdadera comienza ahí donde el cuerpo deviene otro: el cuerpo glorioso, el cuerpo místico, el cuerpo sacramental. La fe católica hace de la fragmentación corporal la estética de la trascendencia al otro mundo, la estética de la presencia de Dios en éste o la de la unión de la comunidad de creyentes más allá del límite individual. Trascender el cuerpo significa fragmentarlo en un rostro, en un ojo y en una mano; para con ello superar la identidad de la materia y mostrar el reino divino de la espiritualidad.

En el barroco, la forma de representación del sufrimiento y la gracia se realiza por medio de la desintegración del cuerpo, una desintegración que, a diferencia de la medieval, recurre a la retórica de la materialidad de los órganos: la sangre, la llaga, la piel partida, son algunos modos en que se simboliza el sentido del sacrificio como ultraje y disolución del cuerpo. La fragmentación del cuerpo en el arte barroco recupera la materialidad como sufrimiento y dolor del cuerpo de Dios, no para demostrar la potencia de lo sagrado, sino la solidaridad de su carne humana con la de los hombres. La fragmentación es un símbolo y una retórica del sacrificio de Cristo para la salvación.

En el renacimiento la fragmentación de lo bello comienza con las esculturas de Miguel Ángel. Para Miguel Ángel, el trabajo del escultor es liberar la forma que, según él creía ya se encontraba dentro de la piedra. Esto puede verse de manera más vívida en sus figuras sin terminar, las cuales para muchos parecen estar luchando por liberarse a sí mismas de la piedra. La falta de acabado en sus esculturas se debe a que le desagradaban a medio trabajo y las dejaba sin terminar. Su David representó no ya una vuelta a modelos de la Antigüedad grecolatina sino que, por primera vez, se realizaba una obra que los superaba. Muchas de sus obras están inacabadas (non finito, en italiano), pero debe diferenciarse entre aquellas en las que el autor, intencionadamente, dejaba partes sin hacer, como los tondi Taddei y Pitti, de aquellas otras que no llegó a acabar a causa de factores externos.


Tondo Taddei Tondo Pitti

En sus dos obras inacabadas voluntariamente, Miguel Ángel se vincula con Leonardo y su poética de la indeterminación espacial y psicológica, por lo que dejó algunas partes de sus dos tondi en un estado de esbozo.

El resto de las obras inacabadas por accidente permiten, sin embargo, conocer el proceso escultórico que seguía Miguel Ángel.

 

Prisionero de Miguel Ángel

A mediados del siglo XVII, el estilo Neoclásico destruyó las extravagantes formas a las que había llegado el Rococó, restaurando la sencillez de las formas antiguas, tanto en las masas arquitectónicas como en la decoración.
Los teóricos del arte de este período definieron las nuevas tendencias neoclásicas afirmando que la belleza ideal no existe en la naturaleza, sino que corresponde al hombre crearla con la fuerza de su espíritu artístico, ahora bien, solamente los griegos alcanzaron en su arte esa plenitud, por lo que el artista moderno no tiene mas remedio que imitarlos.

Factores que favorecen su expansión

Desarrollo del movimiento ilustrado, seguido de una austeridad moral y pureza de las formas.
Lo hallado en las excavaciones de Herculano y Pompeya, sirvió de inspiración al movimiento.
Surgen numerosos escritos que ayudan a fomentar el conocimiento de las Antigüedad.
Aparición de las academias, donde el artista tenía un estatus social e intelectual superior al que tenían las anteriores.
Por esto en el siglo XIX comienza la corriente del moldeado en fragmentos, ya que ni si quiera se esculpía si no simplemente se moldeaba.

En esta época se pensaba que la escultura iba a ser el arte mas desarrollado por los planteamientos de Winckelmann (escritor del arte de la época), y las excavaciones de Pompeya. Pero los planteamientos de Winckelmann fueron mal interpretados, ya que se copiaban al pie de la letra y eso provocó una ausencia de naturalidad, por lo que se caracterizó por su sobriedad, renuncia al naturalismo, y la búsqueda del equilibrio volumétrico. El material preferido era el mármol.

Son temas importantes de esta época el desnudo heroico y la mitología. Esto se produjo porque la mayor parte de las obras que se encontraron en las excavaciones eran mitológicas. Así que era frecuente que los personajes públicos aparecieran asumiendo el papel de un Dios

A finales del siglo XVIII, en pintura y escultura se produjo una reacción contra la rigidez académica y una afirmación de libertad y eclecticismo sin limitación alguna. Este movimiento dará lugar a la aparición de dos corrientes estéticas: el Romanticismo y el Realismo.

La fragmentación, categoría antropológica y de la modernidad

Winckelmann, toma contacto con una realidad histórica, la griega, y por otra, la idealiza de tal manera que la permuta en una encarnación de una naturaleza universal para todos los hombres; todo esto, impregna el historicismo de finales de siglo. La interpretación por parte de Schiler de la humanidad natural de los griegos, adopta, la visión del Clasicismo de Weimar.
Grecia concilia los antagonismos, mantiene la unidad y la armonía de la naturaleza humana y de las esferas de su actividad. La época moderna, enfrenta la Naturaleza y la cultura, entendida como la naturaleza humana, como una totalidad y unidad donde cooperan los contrarios. Frente a Grecia, la época moderna esta dominada por la división; esta desmembración, promueve un desarrollo unilateral, desigual y excluyente.
Schiler detecta el principal antagonismo existente entre las potencias del alma, sobretodo entre los sentidos y el espíritu; solamente es posible avanzar a través del antagonismo. Este mecanismo, tiene que ser un impulsor de la cultura, pero nunca un fin, pasando a un tercer estadio que sea capaz de reunificar lo separado, la totalidad del hombre. Rousseau, había atisbado ya la disociación; si este lo introducía con objeto de enfatizar el contraste entre los especialistas y el ciudadano, los alemanes acentúan el enfrentamiento entre el hombre entero y el fragmentado; todos conforman los rasgos de lo moderno, el hombre privado y el ciudadano.
La unidad interna de la naturaleza humana esta impelida por la división de las ciencias (separación entre las ciencias a priori y a posteriori).
La fragmentación se trasvasa a lo social, a la dialéctica entre el individuo singular y el cuerpo social; el individuo se ve obligado a una vida mecánica y artificial, eternamente unida a una partícula del conjunto; como consecuencia el cargo y la posición se convierten en la medida del hombre (preeminencia otorgada a lo social).
La ilustración propugnaba una división natural entre incultos y cultos, entre los absorbidos por las necesidades inmediatas de la vida y los entregados al cultivo del espíritu. La ilustración popular, se apreciaba en la creencia en la capacidad evolutiva del hombre, a través de un proceso o socialización cultural adecuada. Todo individuo humano puede decirse que lleva en si la determinación y la pauta del hombre puro ideal, depende de cada uno elevar su propio individuo a la dignidad de la especie. El principio de universalidad engloba a todo hombre como ciudadano del mundo.

El sujeto empírico se ve afectado también por la fragmentación de la sociedad. Según Schiler a la parte trabajadora le corresponde la producción, y a la contemplativa, recoger los frutos de la primera. La desconfianza que le dan las dos clases, le lleva a optar por una tercera; la protagonista capaz de reconciliar los antagonismos de donde brotara el ideal de la bella humanidad.
La fragmentación afecta al interior de las obras artísticas, refiriéndose a la desintegración del orden estable de las representaciones clásicas.

Texto de Marx:

Todo lo que la burguesía construye, es construido para ser destruido "Todo lo sólido ,desde las telas que nos cubren hasta las telas y los talleres que las tejen, los hombres y las mujeres que manejan las máquinas, las cosas y los barrios donde viven los trabajadores, la empresas que explotan a los trabajadores, los pueblos y ciudades ,las regiones y hasta las naciones que los albergan, todo está hecho para ser destruido mañana, aplastado o desgarrado, pulverizado o disuelto, para poder ser reciclado o reemplazado a la semana siguiente para que todo proceso recomience una y otra vez ,es de esperar que para siempre en formas cada vez más rentables.

Siglo XIX
La historiografía considera al siglo XIX como el comienzo definitivo de la Edad Contemporánea.

En el siglo XIX hubo una enorme producción de esculturas, pero a pesar de su prestigio académico, la escultura de la época empalidece comparada con la pintura. Baudelaire la consideraba como un arte demasiado material, demasiado inerte para expresar el sentimiento moderno.
La escultura del siglo XIX no dice mucho al público actual, a pesar de los esfuerzos recientes por descubrirla.

La característica fundamental son sus fuertes cambios. Cambios anunciados y gestados en el pasado pero que se efectuarían, de hecho, en el siglo. Cambios en todos los ámbitos de la vida y el conocimiento. Revoluciones de todas las índoles tendrían su lugar. La ciencia y la economía se retroalimentarían, el término "científico", acuñado en 1833 por William Whewel sería parte fundamental del lenguaje de la época; la economía sufriría dos fuertes revoluciones industriales, la primera acaecida entre 1750 y 1840, y la segunda entre 1880 y 1914. En política, las nuevas ideas del anterior siglo sentarían las bases para las revoluciones burguesas, revoluciones que se explayarían por el mundo mediante el imperialismo y buscaría alianza con el movimiento obrero al que, para evitar su triunfo, le cederían el sufragio universal; en filosofía, surgirían los principios de la mayor parte de las corrientes de pensamiento contemporáneas, corrientes como el idealismo absoluto, el materialismo dialéctico, el nihilismo y el nacionalismo; el arte demoraría en iniciar el proceso de vanguardización pero quedaría cimentado en movimientos como el impresionismo.

En el siglo XIX hubo una enorme producción de esculturas, pero a pesar de su prestigio académico, la escultura de la época empalidece comparada con la pintura. Baudelaire la consideraba como un arte demasiado material, demasiado inerte para expresar el sentimiento moderno.
La escultura del siglo XIX no dice mucho al público actual, a pesar de los esfuerzos recientes por descubrirla.

Rodin
Cuando Rodin comenzó a interesarse por la escultura, esta manifestación artística había alcanzado, en Francia, una complejidad formal, semántica y funcional extraordinaria. Nunca antes se habían producido tantas y tan variadas esculturas con fines tan distintos, del monumento público al funerario, de la ornamentación arquitectónica a la pieza íntima, de la exposición temporal al museo, de la estatua al busto, del relieve al grupo, de la mitología a la historia, del retrato a la alegoría. La demanda era incesante. Los límites entre la idea tradicional de creación única y el nuevo concepto de diseño y artes decorativas empezaban a socavar el fundamento de una de las artes mayores.

El inacabado de Rodin nace del "non finito" miguelangelesco. Pero en pintura como en escultura, la estética del abocetamiento de la impresión, tiene mucho que ver con la consideración romántica del genio, que convierte en obra maestra todo aquello que toca, sin necesidad de poner punto final, tanto como en el gusto moderno, que relaciona las artes visuales tradicionales con otra forma de apoderarse del mundo sensorial, no visible hasta entonces, y para cuya expresión no es necesario utilizar una silueta nítida.

La reivindicación del fragmento como totalidad anímica, que encierra en sí mismo la esencia de la creación es el gran hallazgo estético de Rodin.

La idea recorre todo el fin del siglo: la creatividad tiene una naturaleza suprasensorial que late en la materia, en cualquier parte de ella, por lo que siempre puede ser reconocida y apreciada, aunque la unidad física se pierda. Parece evidente desde que los restos arqueológicos antiguos habían sido admirados por fragmentos. Pero las consecuencias que ello tiene como intencionada práctica moderna son enormes: supone el rechazo a la subordinación que impone el tema porque desaparece, o se diluye, tiende a la valoración del proceso más que el resultado, del concepto más que del objeto, lo que desmaterializa la creación y subraya el poder de lo efímero; y realza el gesto y la sugerencia, es decir, el poder de la percepción subjetiva que entra a formar parte esencial de la obra de arte, que no existe sin la intervención del espectador.

Pero Rodin fue más allá con el injerto de fragmentos. Algunos contemporáneos le acusaban de pereza en su madurez, ya que se basaba en la reutilización descontextualizada de fragmentos de esculturas realizadas en épocas anteriores de su vida. Pero ésta práctica ha cobrado un inesperado interés a la luz de la evolución artística contemporánea, dominada por el hallazgo. Rodin parece intuir las posibilidades del samblaje, aunque sin traspasar los límites de su propia actividad, previamente convertida en artística. Cuando concibe "La mano de Dios" parece decirnos que él es el artista-Dios. Y la falta de modestia siempre nos incomoda.

Precisamente, la fragmentación del cuerpo y la autonomía del torso como género escultórico permitieron a Rodin establecer un puente para unir la brecha entre el arte de la Antigüedad (los "torsos mutilados de estatuas griegas y romanas" que describe Schiaffino) con la propia obra del gran escultor francés.

Transición hacia el siglo XX

Las exposiciones de Rodin en 1898 y 1900 consistían en figuras "inacabadas" desde el punto de vista anatómico: sin cabeza, sin brazos, sin piernas, o desprovistas por completo de todos los miembros. Sin embargo, no habían sido concebidas como bozzetti, como estudios, sino como obras de arte completas. Esta idea fue muy pronto acogida por algunos pintores y escultores jóvenes.

También se concibieron como esculturas por sí mismas otras partes separadas del cuerpo. Los ejemplos más hermosos a este respecto son sin duda El Brazo 1947 y La Pierna 1956 de Alberto Giacometti.

Siglo XX

Un signo de la transición del Modernismo al Postmodernismo es el reciente arte de la figura retratando el cuerpo no como presencia sino como ausencia.
La fragmentación ha llegado a ser un motivo constante del arte y de la cultura de nuestro siglo, los cuerpos mutilados y en estado de desintegración cruzan el imaginario del mundo contemporáneo.

Leonardo Bistolfi , "La morte" (1912-1913) Henry Gaudier Bireska, "Torso" (1913)

Vanguardias y postvanguardias.

Las vanguardias comienzan a finales del S.XIX y principios del S.XX todas se inician a la vez, o sea, coinciden simultáneamente en el tiempo, todas coinciden en crear algo nuevo pero con estéticas totalmente diferentes. En común tenían una actitud vital innovadora que rompía absolutamente con el pasado
Las vanguardias son el aspecto más radical de la modernidad, el relativismo más radical, la ruptura más radical y el punto de vista más innovador. De hecho fueron los primeros que rompieron con las academias y los salones oficiales.
La primera vanguardia fueron los Impresionistas, que curiosamente hacen su primera exposición en el estudio de un fotógrafo, Nadar.
En la modernidad se revisan y adaptan los textos antiguos, las vanguardias no quieren esto, quieren romper con todo lo anterior y crear nuevos caminos hacer futuro.
Según Baud las vanguardias a fuerza de romper con todo, se rompen unas a otras y terminan autodestruyéndose, eliminando el propio objeto artístico, ya que al final lo importante es la idea los museos se vacían… arte conceptual, este sería la última vanguardia. La posmodernidad es el discurso crítico contra los excesos de las vanguardias.
Son sus obsesiones rupturistas, con tanto romper se cargan el arte.
El arte no estuvo integrado en la sociedad durante las vanguardias.

Alexander Archipenko, Picasso, Gargallo, Humberto Bociani, Raymond Duchamp Villó, Miro, Giacometi, Antoine Pevsner, Henry Moore, Bárbara Hepword, Brancusy, George Segal, Louise Bourgueois, Marc Quinn, Cesar Baldaccini,

Siglo XXI
Doctor Muerte Mario Irarrázabel Covarrubias Myung Seop Hong

Conclusión:
En las fases primitivas del desarrollo de la civilización los conceptos del hombre eran esencialmente más de totalidad que de fragmentación. En Oriente estos conceptos todavía sobreviven en el sentido de que tanto la filosofía como la religión ponen de relieve el concepto de totalidad y presuponen la futilidad de analizar el mundo en partes. Estas nociones Orientales que, no solamente incluyen un concepto del mundo que niega la división y fragmentación, sino que también cuentan con técnicas de meditación que llevan todo el proceso operativo, de un modo no verbal, hacia el estado tranquilo de flujo ordenado y suave que necesitamos para terminar con la fragmentación, tanto en el proceso real de pensamiento como en su contenido.
En Occidente la noción de medida ha desempeñado un papel decisivo para determinar el propio concepto del mundo y el modo de vivir que supone tal concepto. Así los antiguos griegos de quienes procede una gran parte de nuestras nociones fundamentales, el mantenerlo todo dentro de su correcta medida se consideraba como una de las causas esenciales de una buena vida. La medida no se consideraba en un sentido moderno, primario como una especie de comparación de un objeto con un patrón externo, o unidad, sino más bien como una forma de exteriorizar una "medida interna", más profunda que tenía un papel esencial en todas las cosas. Cuando algo iba más allá de su propia medida era interiormente inarmónico, por lo que estaba destinado a perder su integridad y descomponerse en fragmentos. Esto refleja el concepto de que se consideraba la salud física como el resultado de un estado de orden y medida interiores en todas las partes y procesos del cuerpo.
Según el concepto antiguo, la razón se ve como la observación de una totalidad de "ratio" o proporción que se puede aplicar interiormente a la verdadera naturaleza de las cosas. La medida es una forma de penetrar en la esencia de todas las cosas y que la percepción del hombre, al seguir los caminos que le señala, será clara y por consiguiente, producirá una acción generalmente ordenada y una vida armoniosa. Según fue transcurriendo el tiempo, ésta noción de medida fue cambiando gradualmente, perdió su sutileza y se fue haciendo relativamente grosera y mecánica. Los hombres comenzaron a aprender mecánicamente éstas nociones de medida y no creativamente un sentimiento interno y una comprensión del significado más profundo de la ratio o proporción que estaban aprendiendo. Como resultado de ello las ideas predominantes acerca de la medida ya no fueron en lo sucesivo que consistiesen maneras de observar, sino que aparecieron como "verdades absolutas acerca de la realidad tal como es".
Este concepto de medida fue haciéndose cada vez más rígido y reducido a un simple objeto hasta que, en la actualidad, la palabra "medida", ha llegado a significar principalmente, el proceso de comparación de algo con un patrón exterior a él.

La tradición estética griega ha hecho de la unidad del cuerpo la forma misma de belleza. Desde la cultura clásica hasta el Renacimiento y el barroco secular y, más tarde, las expresiones neoclásicas e impresionistas han hecho de la unidad del cuerpo la forma misma de la belleza. El modo mismo del cuerpo indiviso es el que corresponde a la posibilidad de representación en la conciencia a la manera en que lo entiende la estética kantiana.
La belleza de lo clásico se rompe en el manierismo de Miguel Ángel con las figuras no acabadas. Todo esto tiende a complicar la estética .En los siglos posteriores con la estética de la ruina, de lo sublime se va gestando la fragmentación en la sociedad y repercute en el arte mismo.
La época moderna está dominada por la división .La sociedad está desmembrada y la fragmentación se trasvasa a lo social. La fragmentación afecta al interior de las obras artísticas, refiriéndose a la desintegración del Orden de las representaciones clásicas .Los cambios gestados del pasado en todos los ámbitos de la vida se efectuarán en el siglo XIX ,los intentos de unidad por lo bello es problemático. La disciplina novedosa de la historia de los sentidos hace que se exprese la verdad de la época, que se une a un sentido progresivo que nos obliga a realizar objetos artísticos que signifiquen la realidad actual. Cuando algo se expresa en una cultura es porque se ha hecho visible, es un proceso que ha madurado.

A Rodin se le atribuye el gran hallazgo estético del fragmento como totalidad anímica que encierra en sí mismo la esencia de la creación. Pienso que tiene que ver con la consideración romántica del genio, que convierte en obra maestra todo aquello que toca, de ahí sus obras, la mano del artista, y la práctica habitual de moldes en el que Rodin los repetía para sus distintas obras. Como hizo con el torso de Adéle.
Durante lo primeros años del siglo XX hubo una gran obsesión por los torsos. La búsqueda de lo inmediato. Se realizaron torsos en todos los estilos, tendencias y materiales. Después de la segunda guerra mundial las esculturas que se realizaban eran fruto de la desintegración social. Seguían abundando los retratos, los torsos, pero la fracción del cuerpo en la escultura cada vez se hacía más pequeña, hasta llegar a la desintegración interna como ocurre en la época actual con el doctor muerte que expone cadáveres diseccionados o laminados utilizando una "plastificación" que, con recursos técnicos sorprendentes, logra preservar los tejidos de una manera perfecta, que da la sensación de que están vivos. La idea del artista es, además de mostrar un trabajo que tiene valores artísticos, ser didáctico y enseñarles a las personas cómo funciona un cuerpo humano.

La fragmentación ha llegado a ser un motivo constante del arte y de la cultura de nuestro siglo. Partiendo de la figura humana en el siglo XX se han representado todo tipo de fragmentos escultóricos, se han realizado con todo tipo de técnicas y materiales, representando muy bien el reflejo de la época.

La fragmentación parece ser lo único en nuestro sistema de vida que es Universal, que funciona por todas partes sin fronteras ni límites. Ello sucede porque las raíces de la fragmentación son muy profundas y amplias. La fragmentación se origina al fijar los conceptos que forman nuestra visión general del mundo, y la produce nuestra manera de pensar, generalmente mecánica, rutinaria y habitual. Nuestra manera de pensar está impregnada de fragmentación, la percepción fragmentaria es por esencia, en su mayor parte un hábito inconsciente de confusión entre lo que es diferente y lo que no lo es. La fragmentación es en esencia, una confusión acerca de la cuestión de la diferencia y la unidad. No está sólo en el contenido del pensamiento, sino en la actividad general de quien está "desarrollando el pensamiento" y por eso está tanto en el proceso de pensar como en su contenido. Nuestra forma fragmentaria de pensar nos está llevando a un amplio conjunto de crisis, social, política, económica, ecológica, psicológica, etc., tanto en el individuo como en la sociedad considerada como un todo.
Cuando el campo entero de la medida se encuentra abierto a una visión original y creativa, sin límites fijos ni barrera alguna, nuestra visión global del mundo deja de ser rígida, y el campo entero de la medida se armoniza, desapareciendo su fragmentación interna.

Bibliografía:
-Historia de un arte. La escultura tomo IV siglo XIX y XX, edición Carraggio, S.A.
-Marshal Berman. Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad.
Editores, S.A. Siglo XXI
-Historia de arte: ed. Salvat.
Las vanguardias. Expresionismo y abstracción- tomo 17
Las vanguardias. Del simbolismo al cubismo- tomo 16
El realismo y el impresionismo- tomo 15
Rococó, Neoclásico y Romántico- tomo 14
-La originalidad de la vanguardia modernista y otros mitos.1985 Cambridge, Rosalind Kraus
-Enciclopedia de los Conocimientos. Tomo 16. Ed. Océano.
-Enciclopedia Suma Artis. Tomo 34, 35.
-Arte del siglo XX. Editorial Taschen. Ruhrberg. Schneckenburger. Fricke. Honnef. 2001 Köln. (Trabajo de fichas).
-La totalidad y el orden implicado. David Bohm. Ed Kairós. Mayo 1998.

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